Vuelta a las costumbres casi olvidadas ya en los rincones de la memoria, vuelta a esos pequeños hábitos, que en mi caso si hacen al monje, vuelta a las risas, las cañas y las tapas, vuelta a las miradas que dicen más que mil monólogos de frases hechas y vacías de contenido que llenan tiempos pero vacían espacios, vuelta a las conversaciones que me erizan la piel y hacen estar despierto, con la mente en marcha, vuelta a dormir con la persiana arriba del todo para saludar a la primera luz de la mañana, vuelta a leer hasta las mil en la cama, vuelta a los abrazos sinceros de amistad limpia, vuelta a ser yo, vuelta a pelear por buscar mi sitio en el mundo, vuelta a conocer personas que me ayudan a avanzar, vuelta a conocer a otras que mejor olvidar, vuelta, vuelta y vuelta, en esas ando, volviendo, tratando de no escandalizarme demasiado al conocerme mejor …
He encontrado el camino de regreso y tengo que hacerlo solo, con la única compañía de mis pensamientos que comienzan a ordenarse, apoyándome a veces de forma egoísta en mis amigos, y otras dándoles el apoyo desinteresado que necesitan, cuando me lo piden o cuando yo lo estimo conveniente aunque no me lo digan.
Vuelta a equivocarme y caer y levantarme mil veces, vuelta a disfrutar de una puesta de sol en silencio, vuelta a saborear los largos paseos por los rincones del pueblo con la única compañía de Sabina en mis oídos, vuelta a perderme, para darme luego el placer de encontrarme y ver que he crecido.
Y como bien dice mi adorado Joaquín, “…NI TAN ARREPENTIDO, NI ENCANTADO DE HABERME CONOCIDO, LO CONFIESO…”
Respirando, respirando, respirando
